CENTRO DE ANALISIS Y PROSPECTIVA - NOTAS

La Akale borroka y la estrategia de ETA.

La llamada kale borroka (lucha callejera) se ha convertido durante los últimos años en uno de los instrumentos principales de la estrategia de ETA y su entorno. No se interrumpió durante la llamada tregua, aunque experimentó significativas oscilaciones, y suma su acción a la del terrorismo de ETA desde que terminó ésta. La presente nota se propone contribuir a su interpretación.

1. La kale borroka puede definirse como un terrorismo de baja intensidad.

Dadas la naturaleza de sus acciones, que incluyen la comisión de delitos de estragos, incendios, lesiones, amenazas y coacciones, y su finalidad, que implica subvertir el orden constitucional y alterar gravemente la paz pública, la kale borroka se engloba dentro del concepto de terrorismo tal como éste es entendido en los artículos 571 a 579 del Código Penal.

Y dado que su acción no se propone en principio causar la muerte de personas, tarea que asume directamente ETA, podemos matizar que se trata de un terrorismo de baja intensidad.

2. El auge que la kale borroka ha experimentado desde 1992 debe entenderse como un recurso para mantener la coacción social en una situación de debilitamiento de ETA.

La violencia callejera es por supuesto un componente habitual en cualquier situación de conflicto social y ha formado parte de la estrategia de la izquierda abertzale desde sus orígenes en los años sesenta. Sin embargo su estructuración a través de los grupos Y de apoyo a ETA y su conversión en un elemento crucial en la estrategia de ETA y su entorno sólo se produce a inicios de los años noventa (cuadro 1). Ello fue el resultado de diversos factores:
* La pérdida de comandos por parte de ETA. La creciente eficacia de las fuerzas y cuerpos de seguridad españoles y el inicio de la colaboración francesa incidieron en un serio debilitamiento de la estructura operativa de ETA, que empezó a hacerse visible desde mediados de los años ochenta. En particular se demostró que la integración de jóvenes inexpertos en los llamados comandos legales de ETA facilitaba la rápida desarticulación de éstos por las fuerzas de seguridad.

* El éxito en la campaña contra la autovía de Leizarán (1990-1992), en el que los grupos de lucha callejera jugaron un gran papel, mostró en cambio la utilidad de éstos y condujo a ETA a una reflexión sobre la conveniencia de darles una estructura permanente y coordinada.

* Los grupos Y, junto con los grupos X, menos estructurados, combinan las ventajas de la coordinación con las de la descentralización. Se trata de una estructura difusa, que basta para coordinar las campañas y proporcionar apoyo logístico a los grupos, pero al mismo tiempo da a sus acciones una sensación de espontaneidad, permite una participación flexible con un grado de compromiso variable y dificulta la represión. En particular dificulta la condena por terrorismo de los culpables (la primera sentencia que lo hizo se dio en 1993).

* La kale borroka permite encauzar al servicio de ETA las proclividades violentas de sectores juveniles, que en otros lugares se manifiestan a través de las llamadas tribus urbanas. Jóvenes que no se habrían incorporado a un comando de ETA participan en la kale borroka, que actúa como vivero de futuros etarras.


* La kale borroka representa una forma de coacción social, utilizada como respuesta a la movilización pacifista, que se hizo visible en las calles vascas a partir de 1993. La respuesta ciudadana frente al secuestro de Julio Iglesias (1993), sin precedentes por su intensidad, sorprendió a ETA y su entorno, pero cuando en 1995 se produjo el secuestro de José María Aldaya, los manifestantes pacifistas se enfrentaron a una durísima campaña de intimidación.

Cuadro 1. Acciones de lucha callejera, 1987-1999.

3. Las oscilaciones de la kale borroka durante el periodo de la tregua son un reflejo de la estrategia general de la izquierda abertzale.

En total hemos contabilizado 387 ataques durante los meses de septiembre de 1998 a noviembre de 1999, que se corresponden con el periodo de vigencia de la tregua de ETA. Al respecto cabe hacer tres observaciones generales:

* Si tenemos en cuenta su impopularidad de cara a la mayor parte de los ciudadanos, hemos de concluir que la kale borroka representa un factor de tensión con el gobierno de Vitoria, cuyo prestigio se ve mermado si se muestra incapaz de preservar el orden en la calle, por lo que debiera disminuir si se produjera un auténtico entendimiento entre la izquierda abertzale y el nacionalismo democrático. Podemos pues atribuir, al menos parcialmente, al pacto de Lizarra el descenso de la kale borroka respecto a los niveles de 1995, 1996 y 1997 (cuadro 1).

* Si interpretamos la kale borroka como un elemento plenamente integrado en la estrategia de ETA, hemos de suponer que las oscilaciones mensuales de su incidencia tienen un significado, aun sin pretender que todos los actos de violencia callejera respondan a una misma lógica. Al analizarlas salta la vista la estrecha coordinación que existe entre la estrategia política de la izquierda abertzale y la incidencia de la kale borroka, que disminuye en los periodos electorales para no perjudicar los resultados de aquella (cuadro 2).

* El pacto de Lizarra condujo a la casi desaparición de los ataques contra el PNV, que en años anteriores había sido un objetivo preferente. Se mantienen en cambio con intensidad los ataques contra los partidos opuestos al pacto de Lizarra. Una quinta parte de los ataques se dirigió contra personas o bienes vinculadas a PP y PSOE (cuadro 3).

En el cuadro 2 podemos observar con detalle la cronología de la kale borroka durante la tregua:

* El inicio de la tregua fue acompañado por un descenso de los ataques, que en buena medida se explica por el deseo de no perjudicar el voto abertzale en las elecciones autonómicas de octubre, cruciales para el proyecto acordado en Lizarra.

* La intensidad de los ataques se elevó de nuevo tras las elecciones, aunque sin alcanzar los niveles de 1997 (cuando la media era de 80 ataques mensuales). Se mantuvo durante los meses siguientes, a pesar de que el nacionalismo democrático avanzó en la dirección marcada en Lizarra, dando pasos como la constitución de la asamblea de electos de los ayuntamientos de Euskal Herria (Pamplona, 7 de febrero de 1999), que fue favorablemente acogida por ETA.



* El notable incremento de marzo de 1999 no representó una prueba de descontento respecto al nacionalismo moderado, sino que respondió al habitual reflejo de respuesta antirepresiva frente a hechos como la detención en Francia de Kantauri o el presunto suicidio del etarra José Luis Gereza.

* En la primavera de 1999 la incidencia de los ataques fue muy baja, lo que se explica por el acuerdo de legislatura firmado en mayo por el gobierno vasco y EH, y sobre todo por el deseo no perjudicar a EH en las elecciones de junio, que incluían el ámbito municipal, crucial para la izquierda abertzale.

* A partir de julio, el mes en que ETA comunicó a PNV y EA su descontento por la marcha del proceso y su disposición a dejar en suspenso la tregua, la incidencia de los ataques se situó de nuevo a un nivel similar al del invierno anterior.


Cuadro 2. Acciones de lucha callejera, agosto 1998 - enero 2000.


Cuadro 3. Ataques a partidos políticos, agosto 1998 - enero 2000.


4. Durante la tregua se produjo una reducción más que proporcional en la acción de la policía autónoma vasca frente a la kale borroka .

Muchos analistas han sostenido que el acuerdo entre el nacionalismo democrático y la izquierda abertzale condujo a que el gobierno vasco optara por limitar la intervención de la Erzaintza frente a la violencia callejera. Una comparación entre algunos datos de 1997 (sin tregua) y 1999 (con tregua) proporciona algunos indicios acerca de la validez de esta tesis (cuadro 4).

Cuadro 4. Detenciones por kale borroka, 1997-1999.

 

1997

1999

% 1999/1997

 

 

 

 

Acciones de kale borroka

971

344

35

 

 

 

 

Detenciones : total

226

35

15

 

 

 

 

Detenciones: País Vasco

127

17

13

 

 

 

 

Detenciones: Navarra

99

18

18

 

 

 

 

Detenciones: Erzaintza

75

7

10

 

 

 

 

Detenciones: CPN y GC

151

28

18

 

Estos datos cuantitativos no pueden ser correctamente interpretados si no se tiene en cuenta un dato fundamental: no todas las detenciones tienen el mismo significado. No contribuye lo mismo al mantenimiento de la seguridad pública la detención de unos alborotadores sorprendidos in fraganti mientras incendiaban unos contenedores que la desarticulación de un comando Y particularmente activo. Este segundo tipo de acciones ha sido realizadas exclusivamente por el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil.

A un nivel puramente cuantitativo se pueden sin embargo hacer dos observaciones muy reveladoras acerca del contraste entre lo ocurrido en el País Vasco y en Navarra.

? La proporción de detenciones respecto a acciones fue cinco veces más alta en Navarra que en el País Vasco. En 1999 el 90 % de las acciones de kale borroka tuvieron lugar en las tres provincias de la comunidad autónoma vasca, pero en ella sólo se realizaron algo menos del 50 % de las detenciones (cuadro 5).

? La mayor eficacia en la acción policial hace que la incidencia de la kale borroka sea en Navarra un 25% menor de lo que cabría esperar de la influencia de la izquierda abertzale en esta comunidad. Si tomamos como índice de ésta el voto de Herri Batasuna en las elecciones generales de 1996, observamos que Navarra tuvo el 14,5 % del total, mientras que sólo padeció el 10,9 % de las acciones de kale borroka en 1.999




C Cuadro 5. Acciones de kale borroka y detenciones durante el año 1.999




Cuadro 6. Voto a HB y acciones de kale borroka.

5. En la situación actual y de cara al inmediato futuro la contención de la kale borroka resulta básica para la normalización de la vida social y política vasca.

Tras el final de la tregua, la violencia de la lucha callejera muestra tendencia a aumentar. La coordinación entre el terrorismo de ETA y el terrorismo de baja intensidad de los grupos Y se ha manifestado en la concentración de los ataques en el PSE (federación vasca del PSOE): el asesinato por ETA del portavoz de dicho partido en el parlamento vasco, Fernando Buesa, ha ido acompañado de numerosos ataques de baja intensidad contra otros militantes del mismo. Durante la tregua los ataques afectaron por igual al PSOE y al PP (cuadro 3) )Cómo interpretar que ahora se trate de coaccionar preferentemente al PSOE? Hay tres posibilidades, no necesariamente contradictorias entre sí:

* ETA y su entorno pudieron especular con la posibilidad de que tras las elecciones de marzo el PSOE formara en Madrid un gobierno de coalición. En ese caso, la campaña de intimidación representaría una advertencia de lo que le esperaba si se oponía a la aceptación del Aámbito vasco de decisión@.

* Independientemente de lo que ocurriera en las elecciones generales, ETA y su entorno pudieran estar presionando al PSE para que se acercara a las posiciones de Lizarra. En la prensa abertzale pueden leerse exhortaciones en ese sentido y cabe recordar que Fernando Buesa se destacó por su oposición a esa eventualidad.

* Por último ETA y su entorno podían estar tratando de dificultar un acuerdo de gobierno entre el PNV y el PSE, que permitiera a aquél librarse de la dependencia del apoyo de EH en que se encuentra en el parlamento vasco.

En conclusión, resulta evidente que la kale borroka actúa en combinación con el terrorismo de ETA para coaccionar la libre expresión política de los ciudadanos vascos. La extendida percepción de que el País Vasco es el lugar de España con menor libertad política ha sido confirmada por una reciente encuesta del Diario Vasco, según la cual siete de cada diez vascos (y más de ocho de cada diez votantes de los partidos no nacionalistas) creen que en la sociedad vasca no existe libertad e igualdad de condiciones para defender todas las ideas políticas. En definitiva, en el País Vasco no están garantizados los derechos fundamentales de los no nacionalistas, que representan cerca de la mitad de la población. Y dada la contribución de la kale borroka a ese resultado, no es extraño que, según el Euskobarómetro de otoño de 1999, el 84 % de los vascos consideren que la kale borroka representa un problema muy grave.

 

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