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1. INFORME SOBRE EL EXPOLIO ARQUEOLÓGICO EN ESPAÑA
5. PREMIOS CONCEDIDOS A LA GUARDIA CIVIL POR LA PROTECCIÓN DEL PATRIMONIO HISTÓRICO INFORME SOBRE EL EXPOLIO ARQUEOLÓGICO EN ESPAÑA El número de expolios arqueológicos cometidos anualmente en nuestro país es imposible de determinar, ya que únicamente tenemos datos de los descubiertos por las Fuerzas de Seguridad, generalmente al sorprender in fraganti al saqueador en el yacimiento en su tarea de búsqueda clandestina, o bien porque el expolio se lleve a cabo en un yacimiento que se encuentra en proceso de excavación autorizada. Por tanto, los datos que se van a exponer en esta charla son únicamente de los denunciados por las distintas Unidades de la Guardia Civil. En el siguiente gráfico se incluyen las actuaciones
llevadas a cabo en los últimos cuatro años, contabilizando
tanto los ilícitos administrativos como penales, donde hasta el
año 2000, se puede observar un continuo incremento en el número
de El siguiente gráfico es una comparativa
por Comunidades Autónomas en el mismo periodo de tiempo. En él
se observa una enorme diferencia en el número de actuaciones realizadas
en Andalucía, con respecto al resto de Comunidades, que se puede
explicar por una serie de circunstancias como son que es la segunda Comunidad
con mayor extensión territorial; su gran riqueza de yacimientos
arqueológicos; TIPOS DE INTERVENCIONES E IMPLICADOS Se puede realizar la siguiente clasificación de las actividades ilícitas denunciadas:
Con respecto a los implicados en estas actividades ilícitas, en primer lugar se puede realizar una división clara entre Instituciones, Entidades Privadas y Particulares. La mayor parte de las Instituciones son Ayuntamientos y en menor medida Confederaciones Hidrográficas, siendo las infracciones cometidas obras y daños en yacimientos arqueológicos. En cuanto a las Entidades Privadas son sobre todo empresas que trabajan en el sector de la construcción, de la extracción de materiales para estas empresas (canteras) y últimamente de compañías de Telefonía Móvil que provocan daños a yacimientos en el proceso de colocación de repetidores; luego también se encuentran Clubes Náuticos, Comunidades de Montes y Sociedades Deportivas, siendo las infracciones cometidas las mismas que las Instituciones. Respecto a los particulares es necesario un tratamiento más en profundidad, por lo que se hablará de éstos a continuación. Infractores particulares de la legislación sobre Patrimonio Arqueológico Prácticamente la totalidad de las infracciones, penales o administrativas, por uso de detectores de metales y prospecciones ilícitas son cometidas por personas físicas, aunque también los particulares reciben bastantes denuncias por daños y obras ilegales. Aproximadamente un 30% del total de las infracciones cometidas por particulares son realizadas por reincidentes, es decir, por personas con más de una denuncia, llegando en algunos casos a seis denuncias en el periodo de cuatro años estudiado. Esta persistencia nos da idea de una cierta organización. Respecto a la procedencia de las personas reincidentes, son sobre todo de las provincias de Córdoba, Jaén y Sevilla. La mayoría de ellos circunscriben su actuación a su provincia de residencia, aunque en ocasiones extienden su actividad a las limítrofes, no obstante, hay varios grupos que extienden su radio de acción a puntos bastante lejanos, concretamente a Palencia, Teruel, Soria y Ávila. Habitualmente, cuando las Fuerzas de Seguridad sorprenden a estos individuos en el yacimiento, tanto a los reincidentes como a los ocasionales, en plena faena de búsqueda de objetos arqueológicos suelen tener consigo pocos materiales, siendo la mayoría de ellos restos metálicos (monedas, hebillas, anillos, fíbulas, botones, plomos, puntas de flecha, etc), aunque en casos excepcionales se han intervenido algunas vasijas, mosaicos, lucernas y ungüentarios. Las intervenciones importantes de material arqueológico requieren de una investigación policial más o menos larga, que suele culminar con un registro en domicilio y, a veces, almacenes de los investigados, siendo frecuente en estos casos, la aprehensión de varios miles de objetos entre monedas, exvotos, fíbulas, elementos líticos, cerámicas, etc; e intervención de mapas y planos con localización de yacimientos. Del análisis de los datos de las intervenciones realizadas por la Guardia Civil, se pueden establecer tres tipos principales y claramente diferenciados de expoliadores de yacimientos arqueológicos, también conocidos por furtivos o clandestinos: Los ocasionales son aficionados que buscan restos arqueológicos en sus horas de ocio normalmente para su colección particular, empleando para ello medios rudimentarios. No buscan lucrarse, atesoran, venden o intercambian lo hallado y pueden llegar a mantener contactos puntuales con una red de traficantes. Generalmente cuando son sorprendidos por las Fuerzas de Seguridad no vuelven a reincidir. Los habituales presentan las siguientes características:
Se ha dado algún caso de que algunos de estos individuos realicen donaciones a museos de piezas menores, con la finalidad de obtener alguna carta de agradecimiento o de aceptación de la entrega, para poder utilizarla como medio de engaño cuando sean sorprendidos in fraganti en su actividad expoliadora. En alguna de estas ocasiones, las piezas son aceptados por el museo para evitar que caigan en otras manos, aunque las personas que lo entregan no puedan acreditar su procedencia legal. Normalmente se trata de museos de carácter local y cada vez se dan con menos frecuencia estas situaciones. Y por último nos encontrarnos con los llamados eruditos locales que son aficionados a la arqueología que movidos por su afición a la historia o a la cultura, se dedican a la búsqueda de este tipo de objetos, sin las autorizaciones correspondientes y con total desconocimiento de las técnicas de excavación actuales, erigiendose en supuestos salvadores de la cultura local, llegando, en ocasiones, a acumular importantes colecciones. Igualmente existen diversos colectivos de aficionados a la Arqueología que plantean la misma problemática que los eruditos locales, siendo su intención real o supuesta la creación de un museo arqueológico o centro cultural en el pueblo donde tiene su sede el colectivo. Como se ha visto por los datos estadísticos aportados anteriormente, el detector de metales es la herramienta fundamental para los furtivos, pudiéndose encontrar de muchas clases y precios. En España su venta es libre y por tanto también su tenencia y respecto a su uso, tanto los vendedores como sus propietarios aducen que su empleo es únicamente para la búsqueda de minerales, sin embargo la realidad es que se usan para el expolio de yacimientos arqueológicos. Para la defensa de sus intereses, estos usuarios del detector han constituido diversas Asociaciones de detectoristas, en cuyos estatutos establecen que sus miembros son aficionados únicamente a la búsqueda de minerales y que su código ético les obliga a que en el caso de localizar objetos de interés arqueológico deberán entregarlos a las Autoridades. Bastantes expoliadores sorprendidos "in fraganti" exhiben unos carnets de miembros de alguna asociación de este tipo con el que pretenden justificar su actividad, que por supuesto no tiene ninguna validez para amparar esta conducta. EL COMERCIO DE BIENES ARQUEOLÓGICOS En España, para considerar lícito el comercio de piezas arqueológicas, éstas deben proceder de colecciones legales o bien demostrar su adquisición legal, que podrá ser a través de compras en el extranjero, con sus correspondientes documentos de importación, o bien, adquiridas en comercios legales del territorio nacional, debiendo tener en este último caso sus oportunas facturas. El comercio legal se canaliza a través de establecimientos de numismática o de material arqueológico, los cuales tienen la obligación de llevar un libro de policía, donde tendrán que reflejar detalladamente todas las piezas que se encuentren en el comercio. Además, en las grandes ciudades como Madrid, Barcelona y Sevilla, periódicamente se celebran unas Convenciones, que son unas reuniones que tienen lugar habitualmente en hoteles y en las cuales se comercia con esta clase de objetos. Sin embargo, al lado de este mercado lícito florece el ilícito. Las piezas más importantes son vendidas directamente a coleccionistas privados que suelen ser personas con una posición social y económica alta o media-alta, los cuales son conocidos por los furtivos de anteriores ventas. En cambio, las de menor calidad se distribuyen en ciertas poblaciones cercanas a los centros de expolio, concretamente en determinados puntos de reunión, que suelen ser bares, donde se trafica con este material, o bien, en mercadillos de grandes ciudades. La forma de realizar las ventas en estos bares o mercadillos, depende en gran medida de la presión policial existente sobre este comercio ilícito, pudiendo realizarse abiertamente a la vista de todo el mundo o de forma clandestina, ocultando las piezas en bolsas debajo del expositor, vehículos estacionados en los alrededores o en manos de cómplices que se encuentran en las cercanías del lugar. Hay que tener en cuenta también que el comercio lícito se puede utilizar para encubrir el ilícito, mediante la venta en establecimientos legales de piezas procedentes de expolio o con la falsificación de facturas, todo ello con o sin conocimiento del comerciante. Por otra parte, se tiene la convicción de que existe un comercio ilícito internacional de objetos arqueológicos, por la aparición de piezas, aparentemente de origen español, en Salas de Subasta internacionales. Se ha detectado que piezas expoliadas en España, salen ilícitamente del país y después vuelven amparadas por una factura de compra, con lo que consiguen encubrir su procedencia real. Aunque se han descubierto anuncios en prensa ofreciendo materiales arqueológicos, la forma más novedosa de comercio ilícito de bienes arqueológicos que se ha detectado últimamente es el realizado a través de Internet. Cada vez están apareciendo más hechos con esta forma de comercialización, sin embargo, hasta la fecha el caso más importante corresponde a una operación policial llevada a cabo por la Guardia Civil en el mes de setiembre de 1.999, en la que se desarticuló un grupo dedicado al expolio arqueológico y a su posterior exportación ilícita hacia otros países, mediante subastas por INTERNET y en la que se intervinieron más de 9.000 piezas arqueológicas pertenecientes al Patrimonio Histórico Español, con detención de tres personas e intervención de planos arqueológicos, detectores de metales, material informático, registros contables y correspondencia con multitud de compradores. El principal acusado venía actuando desde 1.997 y la mayoría de los envíos se realizaban a U.S.A., aunque también comerciaba con Australia, Canadá, Alemania, Francia, Portugal, etc,. Por otra parte, según nuestra experiencia, la relación del tráfico ilícito de obras de arte con el de materiales arqueológicos no suele ser muy estrecha, siendo los autores de estos hechos, los canales de distribución y destinatarios finales distintos entre sí. No obstante, por su relevancia se puede mencionar la sustracción de una gran cantidad de materiales del Museo de Arqueología de Cataluña, hecho descubierto a mediados del pasado año, aunque cometidos a lo largo de varios años antes. Finalmente, la Guardia Civil consiguió recuperar más de 4.000 piezas arqueológicas y 150 grabados también sustraídos de la biblioteca del centro, habiendo resultado detenido un antiguo responsable de los fondos del museo y un anticuario de Barcelona. Otro aspecto a tener en cuenta es el de las falsificaciones de objetos arqueológicos, modalidad delictiva que se está incrementando últimamente de forma considerable, debido a los importantes beneficios económicos generados por esta actividad. Propiamente no se trata de un expolio y no causa daños al Patrimonio Arqueológico, sino que es una estafa, sin embargo, se debe tener en cuenta la existencia de este fenómeno, ya que podrá darse el caso de intervenir una pieza que aparentemente pueda tratarse de un original y posteriormente, tras un análisis a cargo de especialistas se vea que es una falsificación. Respecto a la elaboración de estas piezas falsificadas, se han detectado dos modalidades, la primera es aquella que ya desde su inicio tiene una finalidad claramente ilícita y por eso, tras la fabricación se somete a la pieza a un proceso de envejecimiento con productos químicos y se las mantiene enterradas en tierra o sumergidas en el agua durante un periodo de tiempo; y la segunda es la adquisición de la pieza en uno de los talleres que existen en España dedicados a la reproducción de objetos arqueológicos y a continuación tratar de hacerla pasar por original empleando el engaño. Un tipo especial de expolio arqueológico es el realizado en yacimientos subacuáticos. Las costas españolas están sufriendo un formidable saqueo por múltiples causas, entre las que cabe citar el intenso turismo, la popularización del buceo deportivo, la mejora en los materiales de exploración submarina, etc. En muchas zonas de este mar, y favorecidos por la buena climatología, muchos de turistas localizan y extraen materiales con gran facilidad y casi siempre con total impunidad, debido a la enorme dificultad de vigilar el mar. Las zonas más afectadas por estos expolios son las costas de Levante, el sur de la península, la costa Catalana y el litoral Gallego. Los casos detectados corresponden en primer lugar a descubrimientos accidentales de pescadores y buceadores deportivos que se quedan para sí los objetos que encuentran o bien los depositan en clubes Náuticos o de buceo, y en segundo lugar, a buceadores dedicados a la búsqueda ilícita de estos materiales para comercializarlos. Los objetos más habituales que se sustraen son cepos romanos, ánforas, anclas y cañones. Otra forma de expolio subacuático es el llevado a cabo por compañías extranjeras, que disponen de buques con medios sofisticados para extraer los materiales arqueológicos del fondo del mar, en ocasiones situados a grandes profundidades y de gran peso, actuando sobre pecios situados a cierta distancia de la costa. Los materiales obtenidos son vendidos posteriormente, a través de los canales internacionales de compraventa de arte. En España ha habido algún caso en las costas gallegas, donde emplearon como cobertura la extracción de estaño de un buque situado en las proximidades del pecio expoliado. En cuanto al expolio del arte rupestre, se han detectado dos tipos de conductas diferenciadas, por un lado los daños producidos por conductas vandálicas y por otro lado, la sustracción de las pinturas. Respecto a estos últimos sucesos se han detectado dos formas de comisión, la primera mediante el empleo de medios sofisticados que facilitan el arrancamiento del soporte donde están las pinturas rupestres y la segunda perpetrada de una forma más burda en la que dañan varias figuras antes de conseguir arrancar alguna. Los sistemas empleados para proteger estos lugares son de poca eficacia, ya que se suelen limitar a unos barrotes de hierro con un candado, que son unos elementos muy fáciles de forzar. En numerosos puntos del territorio nacional, sobre todo en provincias del norte, se están produciendo últimamente bastantes intervenciones por expolio del Patrimonio Paleontológico, y un porcentaje bastante elevado de estos hechos son cometidos por ciudadanos extranjeros, procedentes de los países europeos más cercanos a nosotros. INFORMES SOBRE LOS LADRONES DE OBRAS DE ARTE Antes de comenzar a estudiar los tipos de delincuentes que nos vamos encontrar, hay que tener en cuenta una primera premisa y esta es que la comercialización de los bienes culturales de procedencia ilícita plantea determinadas dificultades para alguien que no esté introducido en este mundo. Por tanto, veremos que existen grupos dedicados al robo de bienes culturales de la misma forma que existen delincuentes especializados en el robo de vehículos, de joyas o de cheques de viaje. Sin embargo, también podemos encontrarnos con delincuentes no especializados, de ahí que para su estudio los se dividan en dos categorías. Dentro de los no especializados podemos encontrarnos con las siguientes clases:
Los autores especializados son los que plantean mayores problemas y por esto, los vamos a estudiar con mayor detenimiento. El nivel de organización de estos grupos es más bajo que en otras modalidades delictivas, ya que el objeto artístico tiene un cierto volumen que lo hace complicado de ocultar, normalmente no se puede cambiar de apariencia, su transporte es complicado y para obtener unos beneficios adecuados, su venta ha de realizarse por unos canales determinados, sobre los que se ejerce cierto control. Por ello, en muchas ocasiones al grupo organizado no le es rentable, existiendo otras modalidades delictivas como el tráfico de estupefacientes, los robos de joyas y a entidades bancarias, que dan mayores beneficios. Otras características de esta delincuencia profesional son las siguientes: 1. El número de miembros de estos grupos es reducido, normalmente lo forman tres o cuatro como máximo, incluso existen individuos que actúan solos, debido a la facilidad de comisión de esta clase de delitos. 2. Suelen tener numerosos antecedentes por este tipo de
delitos, formando un círculo reducido de personas que, con
el paso del tiempo llegan a ser perfectamente conocidos por las Unidades
Policiales especializadas. 3. Se da también una especialización por el tipo de obra sustraída, así hay grupos que se dedican principalmente al robo de arte sacro, otros al mobiliario antiguo, a los libros, etc. También existe una especialización por el lugar de comisión, ya que existen grupos cuya actividad se centra en las iglesias rurales y otros en domicilios particulares. 4. La forma de comisión suele ser mediante la habilidad, no emplean herramientas sofisticadas, una palanqueta o herramienta similar suele ser suficiente. El empleo de la violencia es poco habitual. 5. La facilidad de las comunicaciones actuales, hace que puedan actuar a grandes distancias de su lugar de residencia, lo cual dificulta su detención. Se han detectado grupos ubicados en Madrid que se desplazan a cometer los robos a Asturias y Cantabria. 6. En bastantes ocasiones, la obra sustraída sufre daños motivados por las circunstancias de comisión del delito, de su traslado y del lugar de ocultación. Los bienes culturales son objetos muy delicados, que requieren un tratamiento especial al que no están habituados los delincuentes. Así, el delincuente no tiene ningún reparo en cortar la tela de un cuadro para poder transportarla mejor sin el marco, fracturar parte de una escultura para ocultarla en el medio de transporte que utiliza o cortar una página de un Códice para ofrecerla de muestra. 7. Este tipo de hechos suelen cometerlos delincuentes nacionales, siendo muy escasa la presencia de extranjeros. Como excepciones se pueden citar el hurto de unos manuscritos árabes y hebreos en el Monasterio de Montserrat por unos israelíes; el homicidio del pintor Abel Martín realizado por unos portugueses; o el robo del Códice del Beato de Liébana sustraído del museo diocesano de La Seu d'Urgell.
Estos grupos presentan las siguientes peculiaridades:
Tras el robo de la pieza, el paso siguiente es introducirla en los circuitos de compraventa de obras de arte y antigüedades, pero habitualmente antes de colocar la pieza robada en el mercado, los delincuentes la mantienen oculta durante un tiempo hasta que disminuye la actividad policial y la atención sobre los canales de salida, posteriormente la venden en puntos alejados del lugar de sustracción. El encargado de colocar la pieza en el mercado no es el autor del robo, sino el intermediario o perista, el cual tiene los contactos necesarios con este mundo (anticuarios, coleccionistas, particulares, etc.) y por tanto, es el que puede obtener un mayor beneficio económico. Los robos de encargo, considerando que son aquellos en los que ya antes de cometerse la sustracción existe un destinatario final, son muy escasos. Aunque es cierto que con bastante frecuencia los delincuentes van buscando una pieza determinada. Estos intermediarios tienen conocimientos artísticos fruto de una amplia experiencia, aunque sin ninguna base académica y generalmente no son profesionales establecidos con comercio legal, aunque existen excepciones. Suelen tener antecedentes por receptación o han tenido algún problema por alguna operación de compraventa realizada, por lo cual son perfectamente conocidos por los Unidades Policiales especializadas. Con frecuencia, estas personas son las que se encargan de marcar la pieza interesante. Pero antes de que la pieza sustraída llegue al destinatario final, normalmente habrá pasado por varias manos, es decir, se habrá blanqueado, utilizando un símil del tráfico de drogas. Por ello, es bastante habitual que aparezcan en el mercado legal, obras que en su origen tenían mala procedencia. De esta manera, bienes culturales robados aparecen en multitud de lugares, tales como: mercadillos de antigüedades que se instalan en ciertas poblaciones, como el Rastro de Madrid; comercios de antigüedades; ferias; salas de subasta. Hay que tener en cuenta que cuando una obra aparece en un comercio, normalmente el anticuario desconoce su origen ilícito, pues de otra forma no la tendría expuesto a la vista del público, aunque otra situación muy distinta es que la tenga oculta en un almacén o en algún otro lugar no visible. Los lugares de España, en los que con mayor frecuencia suelen aparecer piezas robadas, son aquellos donde se concentra el comercio de mayor importancia, es decir, Madrid y Barcelona. En Levante también se descubren bastantes objetos sustraídos, pero en este caso es debido a la existencia de una importante banda asentada en esta área. Sin embargo, las obras de arte robadas de mayor valor, suelen ser trasladadas al extranjero donde será mucho más difícil su localización, siendo los países del norte de Europa en los que con mayor frecuencia se detectan piezas robadas, tales como el Reino Unido, Alemania, Bélgica, Holanda, así como también Portugal por su cercanía a España e Italia por el gran volumen de su comercio y afinidad cultural. El destinatario final de la pieza es el cliente, puede ser una persona o una institución y desconoce, por lo general, la procedencia ilícita del objeto que adquiere por coleccionismo o como inversión económica. Cuando la obra sustraída llega a manos de una de estas personas la recuperación se complica enormemente, ya que puede permanecer muchos años en su poder, hasta que vuelva a salir al mercado, bien porque el poseedor quiere deshacerse de ella para obtener dinero o porque tras su fallecimiento, los herederos vendan la pieza por no interesarles. Es poco habitual que exista relación entre esta clase de delincuentes y traficantes de droga, aunque en alguna ocasión se ha detectado que las obras de arte se utilizan como medio de pago de algunas partidas de estupefacientes. DELINCUENCIA RELACIONADA CON EL PATRIMONIO BIBLIOGRÁFICO. El primer problema que nos encontramos en la cuantificación del número de robos de Patrimonio Bibliográfico debido a la eleva cantidad de cifra negra, es decir, al elevado número de casos en que los perjudicados renuncian a denunciar el robo sufrido al pensar que lo sustraído no tiene mucho valor económico o porque piensa que las posibilidades de recuperarlo son escasas. Esta situación se da sobre todo en los robos en domicilios particulares y segundas residencias. 2. LUGARES EMBLEMÁTICOS AFECTADOS POR ESTE TIPO DE HECHOS.
3. TIPOS DE DELINCUENTES DEDICADOS A ESTA ACTIVIDAD DELICTIVA Y MODUS OPERANDI Dentro de los diferentes tipo de delicuentes que se dedican de forma profesional u ocasional a este tipo de robos, podemos destacar los siguientes tres grupos: 1. Bandas dedicadas al robo de todo tipo de obras de arte, que actúan principalmente en domicilios particulares (casas de campo, palacetes, chales, segundas residencias) e iglesias, de donde sustraen cualquier objeto artístico que pueda tener valor comercial, entre los que hay que incluir los libros y documentos. Su modus operandi es el habitual en esta clase de robos, es decir, comisión durante las horas nocturnas, en ausencia de los propietarios, forzamiento de las escasas medidas de seguridad de que suele disponer el inmueble (puertas, ventanas o techo), intento de causar el menor ruido posible para evitar que su presencia sea detectada por vecinos, carga de los efectos en turismo o furgoneta y posterior huida. Normalmente los ejemplares sustraídos son de poco valor, aunque en ocasiones pueden llevarse alguna obra de importancia que por casualidad se encuentren en el lugar de sustracción. Las zonas más afectadas por este tipo de hechos delictivos son Asturias y Cantabria, donde existe un elevado número de palacetes deshabitados gran parte del año con numerosas antigüedades. 2. Bandas especializadas en la sustracción de libros y documentos, que actúan en cualquiera de los lugares donde se pueden encontrar este tipo de bienes, como son bibliotecas, archivos, iglesias, museos, palacios, etc. Su modus operandi más habitual es el forzamiento durante la noche de cualquier entrada al lugar (Monasterio de Santa María de Estany y Monasterio de Poblet), aunque también, en ocasiones, actúan durante las horas de apertura al público empleando para ello la habilidad, pues este tipo de objetos son fáciles de ocultar (Museo etnográfico de Ripoll). Es poco habitual que exista violencia sobre las personas para la comisión del hecho delictivo, no obstante, hay excepciones como puede ser la sustracción del Códice del Apocalipsis del Beato de Liébana del Museo Diocesano de La Seo de Urgell. Al estar especializados en la sustracción de bienes integrantes del patrimonio bibliográfico, las obras que sustraen son gran calidad. La mayor parte de los delincuentes suelen ser de nacionalidad española, aunque se han detectado grupos de extranjeros como los israelíes anteriormente citados, que actuaron en el Monasterio de Montserrat, un norteamericano que fue el cerebro del robo de Códice del Beato de Liébana o un profesor, también norteamericano que sustrajo manuscritos de las catedrales de Toledo y Tortosa, así como, de la biblioteca del Vaticano Con cierta frecuencia, páginas de libros (usualmente misales) son arrancadas o cortadas, con diversas finalidades. Una de ellas es obtener un mayor beneficio económico con la venta por páginas sueltas, en vez del libro al completo (librero de Leipzig con el cantoral de Santa María de Estany y librería de Toledo). En otras ocasiones estas páginas se utilizan como elemento de decoración (lámparas, cuadros) e incluso llegan a exponerse en bares (bula papal expuesta en un bar de Granada). Y finalmente, en otras son arrancadas para ofrecerlas al comprador como prueba de la originalidad de la obra. Hay casos en que el objeto que se persigue no es un documento o libro en si, sino los gráficos contenidos en los mismos (estampas, letras capitulares, etc), no siendo extraño encontrarnos en archivos y bibliotecas ejemplares en los cuales aparecen paginas con estas secciones recortadas. Esta actuación es realizada principalmente por personas con el único afán de llevarse un recuerdo. Además del delito de robo/hurto que se está persiguiendo, cuando se corta una página o cualquier imagen de la misma, también se estaría cometiendo un delito o falta de daños con el agravante de ser bienes de interés cultural. 4. EL COMERCIO ILÍCITO DEL PATRIMONIO BIBLIOGRÁFICO Generalmente, el autor de la sustracción trata de vender los efectos obtenidos en los rastros de determinadas ciudades o en librerías de antiguo y, últimamente, está siendo frecuente la comercialización a través de Salas de Subasta, tanto las convencionales como por Internet. Hay que destacar que en la mayoría de las ocasiones no existe vínculo de complicidad entre el autor del robo y el comerciante, el cual desconoce que la obra que está adquiriendo es de procedencia ilícita, salvo que el bajo precio al que se le ofrece pueda sospechar su procedencia ilícita. En lo que respecta a las implicaciones internacionales del tráfico ilícito de bienes integrantes del patrimonio bibliográfico español, además de los casos citados con anterioridad, se pueden señalar los siguientes:
Aunque lo habitual es que se trate de conseguir el beneficio económico con la venta de los bienes sustraídos, en ocasiones se solicita un rescate por la devolución de la obra a su legítimo propietario (Privilegio Real siglo XV del Ayuntamiento de Borja - Zaragoza). Para facilitar la comercialización ilícita de libros y documentos, con frecuencia se recurre a la eliminación de sellos, firmas y ex-libris. 5. PRINCIPALES DIFICULTADES EN LA INVESTIGACIÓN DE ESTE TIPO DE HECHOS La detección de la sustracción se produce generalmente transcurrido bastante tiempo tras la desaparición, con lo cual se complica la investigación por la ausencia de posibles testigos, huellas, imposibilidad de recordar detalles de interés, etc. En ocasiones, sucede que no se detecta el robo o hurto, con lo que no hay denuncia y por ello es habitual que se localicen libros o documentos que aparentemente son procedentes de robo, pero que no se consigue averiguar de donde han sido sustraídos. Las denuncias no son lo suficientemente detalladas respecto a individualizar cada pieza sustraída, porque no existen inventarios (en los casos de colecciones privadas). Escasez de información por parte de los denunciantes. Generalmente los libros de una edición son iguales, es decir no son piezas únicas, por lo que en ocasiones es difícil identificar cual de todos es él que ha sido sustraído. Publicaciones editadas por la Guardia Civil:
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